Colegios

Durante gran parte del principio de este año estuvimos  con el corazón en la mano, porque fueron meses decidores en el tema del colegio. Desde que supimos de la condición de nuestra hija, estuvimos temiendo ese minuto. Si ya lo pasan mal los padres con las postulaciones a los colegios para sus niños sanos, para nosotros la angustia es exponencial. Los cupos para integración son muy pocos y generalmente reservados para hermanos menores de alumnos que ya están en el colegio. Al ser nuestra hija la mayor, nuestro caso era aún más complicado. 

Cuando leo en qué están las mamás de niños con espina bífida en este aspecto en otros países las envidio; Estados Unidos tiene leyes claras  sobre este tema con el Americans with Disabilities Act (ADA) que prohíbe la discriminación en base a discapacidades. Los colegios están obligados a tomar medidas para incluir a sus alumnos, y en caso de que por temas cognitivos no sea posible su integración tienen colegios especiales creados específicamente para ello. 

En Chile es muy distinto: En términos legales o de derechos, el denominado proceso de "integración educativa" se inició en los noventa, permitiendo que algunos alumnos con discapacidad se integren en el sistema regular. Sin embargo, no se ha avanzado mucho desde entonces. En general los programas de formación de profesores no incluyen la  atención de alumnos con necesidades educativas especiales asociadas a una discapacidad, muchas veces percibiéndolos como un problema que les cuesta administrar. A nivel más profundo la integración es voluntaria, lo cual -para mí- atenta directamente contra la igualdad de derechos de los niños con discapacidad. 

Llevamos varios años (sí, años) visitando colegios, reuniéndonos con los equipos de inclusión (o integración) y contando el caso de nuestra hija. Estábamos buscando algo difícil de encontrar: un lugar donde sintieran que un niño con discapacidad aporta un valor al colegio y a sus alumnos. Lamentablemente, la mayoría lo ve como un favor o acto de caridad y al menos a mí se me llena el corazón de rabia de tener que rogar para que acepten a mi niña. Me parece que en momentos donde se habla tanto de la inclusión y reforma escolar hay un tema que nadie menciona y que sigue en un cajón: la inclusión escolar para niños con discapacidad. 

A nivel de vivencia personal y luego de haber pasado por un largo proceso veo que hay  varios tipos de colegios. Están los que por principio declaran no tener integración ni interés por integrar, razón por la cual optan por no recibir a los padres que los contactan. Existen los que sí declaran tener integración (o inclusión), pero sólo o con prioridad para hermanos mayores, razón por la cual son cupos que generalmente están lleno. Están los que dicen integrar pero te cuentan con tanta nitidez lo mal que anticipan que tu hija lo pasará en el colegio, que se genera un desistimiento voluntario de lo padres.  Y por último, están esos pocos pero valiosos colegios que se interesan en conocer a tu hija, entender por qué la familia quiere ese colegio, contar lo que pueden o no pueden hacer, y mostrar una voluntad por integrar la discapacidad. 

Hemos vivido todo tipo de experiencias; desde que te digan que tu hija "no es suficientemente capaz" para un colegio sin conocerla, hasta personas de un cercanía y unas ganas de integración que emociona. Son contados con las manos  los colegios donde nos sentimos acogidos y con ganas de que nuestra hija pudiera ser parte de esa comunidad. Y es que finalmente en casos como estos el colegio tiene una importancia gigantesca; que no la echen para abajo, que aprenda a vivir con sus diferencias, que sepa que puede ser y hacer lo que ella sueñe va a ser determinante en su crianza. Sé que la familia es tanto o más importante, pero también lo es cómo la vean sus pares y cuán integrada está en un ambiente escolar. 

Para nosotros el proceso terminó, y somos una familia tremendamente afortunada de poder formar parte de un colegio que se la juega por nuestra hija.. Tuvimos la gran suerte de  elegir en vez de rogar, y por eso estamos muy agradecidos, pero hay miles de familias que tienen que ir de colegio en colegio pidiendo una oportunidad que a veces no llega.

Habiendo vivido ya los primeros meses de colegio nos damos cuenta que no es ni será fácil; nuestra hija tiene y tendrá una discapacidad que hace todo cuesta arriba, pero más que grandes ascensores y rampas,  la clave es la voluntad y las ganas de ir hacia una sociedad más integrada. Si nuestros niños no conocen y se educan en ambientes donde conviven las diferencias, es difícil que la discriminación desaparezca.  

Nicole Keller1 Comment