Los primeros meses

Los primeros meses son, en una palabra, agotadores. En nuestro caso teníamos que controlar a nuestra hija con: pediatra, traumatólogo, fisiatra, oftalmólogo, neurocirujano, neurólogo y urologo. Optamos por tener un archivador con toda la información de exámenes, ordenes, y futuras horas para tener un orden de todo lo que estaba pasando. 

Estos doctores estarán presente por muchos años, pero la intensidad baja muchísimo. Sólo con decirles que no tendremos que visitar al cirujano hasta dos años más :)! 

Para nosotros la mayor angustia era el tema del crecimiento de la cabeza y de la hidrocefalia; teníamos una guagua bastante cabezona y con un perímetro de craneo en rápido crecimiento. Todos los días le medíamos la cabeza con una huincha de costurero y le sentíamos la fontanela. 

¿Cuál era la preocupación? Que si tenía los síntomas clínicos de hidrocefalia (irratibilidad, fontanela inflamada, ojos en "puesta de sol", vómitos), tendría que ponerse el catéter que drena el exceso de líquido desde el cerebro hasta el estómago (explicado muy en simple). El catéter de por sí ayuda a la situación y no tiene nada de malo, pero nos daba una impotencia terrible terminar realizando una intervención que supuestamente estábamos evitando con la operación dentro del útero. 

Afortunadamente no fue así, pero estuvimos todo el primer año de vida con esa angustia diaria. Dormíamos con la huincha en el veladora para ir a primera hora de la mañana a medirle su cabecita. 

Los primeros meses empezamos a meternos en el mundo de las terapias. Además de la Teletón, teníamos Terapia Ocupacional dos veces a la semana, orientada principalmente a fortalecer sus músculos del cuello y a la integración sensorial, trabajando el sentido vestibular y el propioceptivo. A grandes rasgos se trata de entregarle información al niño del tacto, el movimiento, la fuerza de gravedad y la posición corporal. 

 Diferentes texturas para pasar por manos y pies.

Diferentes texturas para pasar por manos y pies.

Nosotros usábamos una bolsa que contenía diferentes texturas que pasábamos por sus manos y pies, la poníamos de guata tres veces al día (chillaba como loca), y seguíamos una pauta de evaluación mensual. Esto siempre considerando su edad corregida, lo que significa que la evaluábamos según la edad que debiera tener si hubiese nacido en su fecha probable de parto y no prematura.