El diagnóstico

Sólo se necesita un segundo para que la vida se de vuelta en 180 grados, un momento donde uno sabe que -pase lo que pase- nada va a volver a ser como antes. “La guagua viene con problemas”, dice el doctor. Y el mundo se viene abajo. 

Así fue cuando diagnosticaron a nuestra hija -entonces de 21 semanas- con Espina Bífida. Y en un segundo sentimos que se nos acababa la vida. Era nuestra primogénita muy esperada, primera nieta por mi lado y la esperábamos llenos de sueños. 

Para que profundizar en el dolor y los días de tristeza, si lo que queremos es mostrar lo mucho que se puede hacer. Es un duelo, un asumir que tu vida no será como la imaginabas, que las cosas serán cuesta arriba para tu hija y que todas las prioridades van a cambiar. Es sentir que uno no tiene la fuerza para enfrentarlo, 

Internet no es el mejor aliado; el morbo lleva a ver los peores casos, mucho foros dan como única solución el aborto y la cabeza se llena de información imposible de procesar. Incluso hoy, sólo uso Internet para búsquedas muy específicas en relación a un problema puntal.

Creo que es importante hacer el duelo de que todo será diferente, pero ahora que lo miro con distancia puedo decir con seguridad que no tiene por qué ser peor. No soy de las personas que dicen que es una bendición. Si pudiera elegir, claramente preferiría que mi niña no tuviera que enfrentar los desafíos que hoy vive. Sin embargo, aunque es difícil y requiere esfuerzo, la vida con una discapacidad puede ser incluso más enriquecedora para los que rodean a estos niños que llegan con tanta luz y ganas de vivir. 

 

 

Nicole KellerComment